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No Title 1
Me convenzo cada vez más que vivo los estragos provocados por el eco de una vida pasada, que ahora tan sólo puede verse como un recuerdo opaco y dudoso, dentro de los cotidianos desvaríos de mi cabeza.
Alucinación o deseo reprimido, al final estos déjâ vu terminan por sumirme en un cada vez mayor estado de confusión, tan enervante y adictivo para un servidor, que no distingo claramente si debiera preocuparme por mi obstinación a cada acceso de locura, o la aprehensión que guardo entre los períodos supuestamente lúcidos de mi ser.
Entre sueños, miro al fondo de una existencia que reconozco como propia, pero que jamás, ni en el más tangente de los argumentos hilvanados a lo largo de mi carrera como prestidigitador de letras, podría tenerme como protagonista de tan mundanos y plausibles acontecimientos.
El olor a humedad en una mañana fría y brumosa, rodeado de paredes de madera en extraño ángulo oblicuo al suelo, y una taza de café aromático inundando los alrededores de una silla de metal y resina color verde, donde descansan mis delgadas y descalzas piernas femeninas. No logro encadenar dicha anécdota dentro del discurso de mi vida, pero sé que ha sucedido, Motivo de mi alarma.
La mirada perdida en torno a una plaza de colores ocres, con algunos toques cítricos en el ambiente aderezando la incomodidad de una silla poco ergonómica, mientras un conocido charla animoso sobre tal o cual proyecto literario en puerta, y yo miro aquel juguete desgastado entre mis no menos viejas manos. suena a mi estilo, y lo sé, mas la edad de mi cuerpo me traiciona.
¿Acaso he sido ahora bendecido con el don de la segunda vista? ¿Será que mi mente se ha sintonizado con las emisoras del pasado y el futuro al mismo tiempo, y tanto me muestra la programación de un tiempo perdido--probablemente a principios de los setenta-- así como los próximos estrenos en la marquesina personal -quizás dentro de unos veinte años-?
Me parece maravilloso, sublime acaso, el mirar hacia estos atisbos de mis reinvenciones, y sentir ese dejo de perturbación frente a lo inexplicable. La maravilla individual consiste en engañar, de tal forma, que ni yo mismo sé si todo esto, cada idea y adjetivo, cada golpe de tecla en el éter informático, será real, o simplemente un nuevo juego literario para confundir a quien se deje, en esta caravana de disfraces y relatos....
Año va.... 2009.
Otra vuelta de tuerca. El ritual anual toca a su fin. Tan sólo un cambio de fecha más.
El planeta ha dado un giro más alrededor de su estrella, y sus habitantes se regocijan casi demencialmente por haberle sobrevivido.
Usualmente, el fin de año es fecha de recuentos, exámenes de conciencia, abrazos y recriminaciones entre propios y ajenos, y sé que hacer alguna de estas dinámicas grupales a las que estamos tan acostumbrados, tan sólo sería repetir el esquema. Apelar a lugares comunes en la agenda social, y contradecir mis últimos pronunciamientos.
Sin embargo esta noche, entre oporto y ravioles de muy buen sazón, deseo unirme – al menos un poco- a los usos y costumbres. Un último homenaje en este año del Ridículo que muere por decreto a la medianoche.
Un año que no pasó en vano sobre de mí. Que dejó claras huellas de su existencia en cuerpo y alma; quizás no tan visibles ni fatales como podría sonar la frase, pero no por eso menos importantes.
Un año en el que siento por vez primera el guiño de la vejez sobre mi estampa; en el que, no lo negaré, hubo de todo. Que cumplió expectativas y clichés de “Salud, Dinero y Amor”
Salud, que la hubo, de no ser por esta gripa que hoy también parece despedirse. Dinero que fluyo, y que como vino, ya se ha ido. Amor que viví, de manera intermitente y terregosa, pero que ahí estuvo.
No podría, no debería de quejarme entonces esta noche. Esa en la que los malos agüeros se despejan ante el viso de un nuevo porvenir. ¡Cómo si el avanzar del calendario aligerara la carga que se lleva a cuestas, y exculpara los pecados!
Por otro lado, si así fuera, ¿Por qué entonces vivo las festividades sin sentirlas? ¿Por qué mi decepción hacia las instituciones y sus practicantes? Y sobretodo, ¿por qué la maldita soledad, pese a estar rodeado de una celebración?
Algo debió fallar. Quizás no hice bien esos ridículos rituales propiciatorios que se estilan en estas épocas del año. Quizás es que finalmente se cumplió aquella sentencia que me condenaba a hartar a los que me rodean, y ellos a mí. Tal vez sea efecto de la circunstancia, que otrora era mi aliada, y hoy día me da la espalda en respuesta a mis actos.
Al final, es probable que sólo se deba a la sobrevaloración que solía darle a determinadas fechas en mi pasado practicante. La excesiva fe en que una mera vuelta de hoja me mostrase un libro nuevo. Al final, resulta que esto no es sino un día más. Uno que aumenta en progresión la fecha. Año va, año viene. Como lo fue ayer, y como será en el mañana. Lo que importa no es el tiempo, sino las acciones.
Feliz 2009 a todos los lectores, sin ánimo de malograr intenciones personales…
Par-Odiando (lado B)

Horas enteras afrontando a la hoja en blanco. Decidí darle provecho al tiempo muerto de este puente judeocristiano, sin embargo la melosa -lo es porque así dejé por años que se arraigara- hipocresía de esta época me impide escribir con mayor claridad. No obstante, en el transcurso de una semana me he dado cuenta de ciertos supuestos que, respecto al fiambre que es el ser humano, deberían de incluirse y ser discutidos para ser incluidos en lo que finalmente semeje a una agenda creativa para este tan desorganizado e inconstante -empezando por su creador, el ilusionista- grupo.
En los próximos días comenzaré a redactar lo necesario, pues ahora el amargo espíritu festivo me ha invadido, y no puedo sino ensimismarme y saborear la depresión. Tan sólo dejo testigo de esto en la imagen que acompaña la entrada de hoy, día de Navidad...
No euclidiano

Soy un ser desdoblado, existente en multitud de realidades a un sólo tiempo, aún careciendo de la ubicuidad. Conjuro el cause unívoco que la naturaleza posee, jugando con estados simultáneos de existencia.
A decir verdad, no soy honesto. El espectador sólo conoce lo que hay en el escenario. Un hábil telonero le impide atisbar al resto del elenco que se viste en la oscuridad. Eso me gusta. Me hace perder el juicio, entregarme de lleno a los placeres del gran juego de espejos que es la vida de este ser.
Conocerme, o intentar hacerlo, es como jugar ajedrez con una sombra. Ella repite cada movimiento, pero carece de cuerpo. No así, la gente se lo otorga. He ahí el motor de mi universo.
La ambigüedad me sigue, a cada paso vacilante que no doy para avanzar, pero que aún así existe. Es una droga, un amante febril para esta mente.
Esa es mi realidad.



